Experiencias de Víctimas de Violencia sobre la Mujer en la Comunidad Valenciana

Experiencia de Ana

La primera vez que lo vi me pareció un chico normal, ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, ni guapo ni feo¿un chico normal.

Estábamos en el parque como siempre, en los bancos del fondo, los de la clase del instituto, con el móvil mirando el Facebook y el Tuenti.

- Hola me llamo Ángel, ¿tú eres Ana, verdad?

Y así empezó todo, las salidas a dar una vuelta, al cine, el primer beso, el primer regalo, la primera vez que me llamo princesa y también la primera prohibición: "Si estás conmigo no puedes hablar con tu ex". Yo no lo entendía mucho, la verdad, pero pensé que sería una cuestión de celos. Al fin y al cabo si sentía unos pocos celos significaba que me quería¿ Al principio me quería, eso era cierto, porque me llamaba mucho, siempre preguntándome cómo estaba, venía a recogerme al instituto, me acompañaba a casa, siempre estaba pendiente de mi, escuchándome, aconsejándome, diciéndome lo que le parecían las cosas que me pasaban, las personas que me rodeaban¿ éramos almas gemelas.

Por fin había encontrado a mi chico, se me olvidaba todo lo demás, todos mis pensamientos eran para él, me preocupaba por estar guapa, por agradarle, por hacer que los ratos que pasábamos juntos fueran inolvidables, quería corresponderle, ser comprensiva, detallista, quería que se sintiera igual de especial como me hacía sentir él a mi.

Recuerdo nuestra primera discusión, hacía tiempo que no quedaba con mis amigas y habían planeado una cena para un sábado por la noche - Ana, vente, que últimamente no te vemos el pelo. Ángel me llevaba a casa y al decírselo, noté cómo le cambio la cara, se puso serio, y con voz fría me dijo: -Haz lo que quieras, pero no es justo, yo me esfuerzo para que pasemos tiempo juntos, no hago más planes y tú ahora me sales con esas¿ -Pero entiéndelo, no las veo desde hace mucho, además es bueno que salgamos con otras personas.

-Tienes razón, es bueno que salgamos con otras personas, yo también voy a salir con otras¿dijo elevando la voz. No podía creer lo que estaba oyendo, eso si era injusto y así se lo hice saber.

-No me lo puedo creer, me estás amenazando con que te vas a ir con otras¿ ¿Qué pasa ya no soy tu chica? ¿Ya no me quieres más que a tu vida?

-Mira, Anita, porque te quiero más que a mi vida me parece increíble que prefieras pasar el sábado por la noche con tus amigas a pasarlo conmigo, porque yo no me puedo imaginar estar un momento sin ti¿ ¿no entiendes que te necesito? ¿Qué cuento las horas para verte? Por eso si de verdad tú sintieras lo mismo, no irías a esa cena y te quedarías conmigo, pero ya te he dicho que hagas lo que quieras, no quiero hablar más del tema- dijo dando un portazo al salir del coche.

No entendía a que venía esa reacción, claro que le quería, se lo demostraba constantemente, Salí del coche y me puse frente a él

-No eres justo, hago todo lo que puedo, todo lo que dices, claro que quiero estar contigo, pero no veo que hay de malo en que por un día quede con mis amigas¿"

-No eres justo, no eres justo- dijo imitando mi voz y burlándose de mi- A veces resultas patética, ya te he dicho que no quiero hablar más del tema- y enfadado se metió nuevamente en el coche.

Al llegar a mi casa, fui a darle un beso pero él retiró su cara y miró hacia otro lado indiferente, salí del coche aturdida, sin entender realmente que pasaba, ¿qué había hecho mal?, ¿porqué me había llamado patética? Tal vez él tenía razón, el amor verdadero es eso, compartir cada minuto con la otra persona, ser uno, sin fisuras, ir a la par. Yo había encontrado el amor verdadero y eso es algo que no aparece fácilmente, ¿lo iba a estropear todo por una cena? No quería estar mal con Ángel¿ Así que no fui a la cena.

No sabría describir exactamente cómo ocurrió todo lo demás, en qué momento dejé de reclamar mis derechos, de decir lo que me parecía bien o mal, cada vez me sentía más pequeñita, más insegura, con más miedo a sus reacciones, con cada cosa que hacía esperaba su aprobación, quería ser perfecta, estar a su altura.

Empezamos a ir juntos de compras, él elegía la ropa, me decía que peinado me favorecía, que lápiz de labios parecía más natural, pequeños detalles que parecían no tener importancia hasta que yo, cometía el "error" de no tener en cuenta sus opiniones, entonces todo cambiaba, se enfadaba cada vez más, era más cruel con las palabras, más agresivo y a mí, me hacía más daño.

La primera vez que me zarandeó y me empujó contra una puerta, lloró arrepentido, diciéndome que no sabía que le había pasado, que había perdido el control, que mi manía de mandarme mensajes con mi primo lo sacaba de quicio, que me quería, que lo perdonase, y sobre todo me juró que no volvería a pasar. Había tanto arrepentimiento y ternura en sus ojos que no sabía que hacer.

-¿Juntos para siempre, Ana? - Juntos- contesté.

Y esto se repitió muchas veces, a lo largo de los 3 años que duró nuestra relación, por cosas diferentes que aún me cuesta escribir, por no avisarlo al llegar a casa, por mirar a algún chico por la calle, por pedir la beca Erasmus, por no ser lo suficientemente cariñosa, por no querer tener relaciones sexuales¿ cambiaban las situaciones pero no su comportamiento, enfados, gritos, insultos, patadas, golpes y después promesas y perdón, era cómo ver siempre la misma película.

Un día, mientras veíamos la tele, paso algo que puede parecer insignificante. Ante una noticia de violencia de género, Ángel hizo un comentario, diciendo que entendía perfectamente que algunos hombres perdieran los nervios¿en ese momento me di cuenta de que él nunca iba a cambiar.

Al llegar a casa, les conté a mis padres como era verdaderamente mi relación con Ángel, me atreví a decir abiertamente lo que hasta entonces había intentado ocultar y pude aceptar esa ayuda que tantas veces me habían ofrecido y que yo negaba necesitar.

Pedí asesoramiento, me informé y me decidí a actuar, con la ayuda de profesionales y el apoyo de mis familiares y amigos, estoy intentando salir adelante. Desde entonces, aunque está siendo difícil veo las cosas de otra forma y siento que tengo de nuevo la libertad de decidir.

Hay gente que me pregunta cómo he aguantado tanto y son tantos los motivos que es difícil resumirlos, podría decir que por esperar que todo fuera cómo al principio, por el deseo de que volvieran los buenos momentos, porque lo quería, por miedo a no gustarle a nadie más, porque siempre me pedía perdón y quería creerlo¿

Pero sobre todo porque le tenía miedo, porque no sabía de lo que era capaz, porque estaba convencida de que yo tenía la culpa de lo que pasaba, "por hacer las cosas mal" cómo él me decía y por vergüenza, porque parece mentira que eso le pueda pasar a una chica de 20 años, nacida en el siglo XXI.

Experiencia de Sara

Me llamo Sara y tengo 11 años, me han pedido que hable de mi familia. Mi familia somos mi madre, mi padre, mi perrito Ulises y yo. Vivimos en una casa grande, es bonita pero está un poco rota, mi padre a veces rompe cosas, aunque luego las arregla y así es como si no hubiera pasado nada.

Tiene un jardín con flores y allí tengo una tienda de camping. Una noche dormí allí con mi madre, fue como si nos hubiéramos ido de excursión, ella me dijo eso pero yo sé que mi padre le dijo que se fuera de casa y cuando él se enfada siempre hacemos lo que él quiere, si no luego es peor. Paso mucho tiempo en el jardín con Ulises, allí estoy tranquila, jugamos con las muñecas y también hacemos carreras. Ulises es mi mejor amigo. Cuando tengo miedo siempre se pone a mi lado y siempre, siempre, quiere jugar conmigo.

Mi madre es muy buena aunque un poco seria, según mi abuela fuma demasiado y come poco, creo que tampoco duerme mucho porque cuando me levanto por las noches para ir a hacer pipí, ella siempre está despierta. Algunas veces viene a mi cama y duerme conmigo, a mi me gusta, por lo visto mi padre ronca mucho y ella no puede dormir, o eso dice. Mi madre no es presumida, no se pinta, nunca lleva falda ni zapatos con tacón, mi padre dice que eso es de busconas (no sé que buscarán) yo cuando sea mayor seré buscona, porque me encantan los vestidos y los zapatos de tacón. Mi madre es muy limpia y ordenada siempre tiene la casa perfecta, bueno a veces eso es un rollo porque se pasa el día riñéndome si ensucio o desordeno, a mi padre le gusta mucho el orden por eso nosotras somos ordenadas. Quiere mucho a mi padre, siempre hace lo que él le dice, ya no sale nunca con sus amigas porque si no mi padre piensa que no le quiere a él, y además tiene mucho trabajo en casa y no puede perder el tiempo en tonterías. Por eso también tuvo que dejar su trabajo. Mi madre es enfermera y cuidaba a mucha gente pero mi padre piensa que es más importante que nos cuide a él y a mí, por eso se queda en casa, además como ella no sale tampoco necesita dinero.

Mi padre es muy listo, él siempre lo sabe todo y siempre tiene razón. También es muy fuerte tanto que a veces me da miedo, cuando se enfada grita y da golpes, algunas veces rompe cosas y un día empujó a mamá contra la pared y cayó al suelo, creo que ha pasado más veces pero cuando él se enfada mi madre siempre me manda a mi cuarto yo tengo miedo y no se que hacer, entonces odio a mi padre. Aunque hagamos las cosas bien él se enfada y si le contestamos aún se enfada más, mamá dice que tenemos que callar porque trabaja mucho y está cansado por eso se enfada tanto, pero que él nos quiere mucho y nosotras tenemos que quererle a él, no se que pensar yo quiero mucho a Ulises y no le grito ni le pego.

Recuerdo que la primera vez que suspendí, mi padre se enfadó muchísimo; yo prometí a mi madre que no volvería a pasar, y siempre me pedía que no hiciera nada para no enfadarle¿! pero yo no hacia nada¡ Bueno suspender pero es que en casa él siempre está gritando, y no había quien estudiase, y muchas veces le pedía ayuda ya que no entendía algo y no me hacía caso¿

Cuando se le pasa el enfado mi padre nos quiere mucho, nos pide perdón y nos dice que no volverá a pasar, mi madre se lo cree pero al poco tiempo vuelve a pasar. Mi madre dice que los hombres son así y es normal que se enfaden. Aunque mi tío Carlos no es así, a veces me voy a pasar el fin de semana con mis tíos y con mi prima Carmen, también tiene 11 años como yo, lo pasamos muy bien cuando estamos juntas en su casa, su padre no se enfada tanto como el mío y mi tía Rosa es más divertida que mamá, no parecen hermanas. Carmen no viene nunca a dormir a mi casa. A papá no le gusta que venga gente a casa ni siquiera los de la familia, si vienen luego está enfadado. Creo que a mamá tampoco le gusta porque nunca invita a nadie. A veces me gustaría que vinieran mis amigas del cole para jugar en el jardín pero me da miedo que papá se enfade con ellas y les grite como hace conmigo. Es mejor que no vengan.

Mi padre no tiene familia, bueno creo que si tiene pero por lo visto, según me dice, son muy malos y por eso no están nunca juntos. Mi padre dice que la familia somos mamá, él y yo, nadie más y que tenemos que estar siempre juntos.

Una vez mamá y yo nos fuimos un tiempo a casa de los abuelos pero papá vino a buscarnos y volvimos a casa, alguna vez le digo a mamá que no teníamos que haber vuelto que allí estábamos mejor porque nadie nos gritaba y mamá estaba contenta, hablaba más y hasta estaba más guapa.

Desde que volvimos mamá está triste y también está enferma, tanto que muchos días no se puede levantar de la cama, le duele mucho la cabeza y vomita muchas veces, el médico le dice que no tiene nada, que serán nervios, papá la cuida mucho, siempre la acompaña al médico y nunca la deja ir sola, bueno ni al médico ni a ningún sitio. Yo pienso que también debo de tener nervios porque me cuesta mucho comer y a veces también vomito, lo habré heredado de mi madre.

Me gusta jugar en mi habitación, juego con mi imaginación a que soy mayor y tengo una familia. Mi marido será un poco como mi padre, será muy listo y fuerte aunque no me gritará ni me pegará. Yo seré como mi madre, me portaré siempre bien y lo cuidaré mucho, aunque también saldré a trabajar, seré maestra y también saldré con mis amigas, de compras, a tomar un café¿.Creo que tendré dos hijos para que puedan jugar y así uno nunca estará solo, se portarán muy bien y no tendré que pegarles.

Recuerdo una ocasión, era de noche y me levanté al baño, ellos discutían en la habitación y no se dieron cuenta, vi como mi padre tenia cogida a mi madre por el brazo y luego la empujó¿ me asusté mucho y corrí hacia la habitación, me tapé con la manta y¿ al día siguiente mi cama estaba mojada.

Me dio mucha vergüenza¿ y cuando entré en la cocina mi madre, que aún estaba en pijama, apenas me miró, se lo conté y solo me dijo que quitara las sábanas sin mirarme¿ estaba llorando.

Al rato conseguí ver la cara de mi madre, estaba triste y con los ojos hinchados, además tenía una herida en el labio, le pregunté y me dijo que se había caído de la cama. ¡Era mentira y yo lo sabía! la abracé.

En una ocasión ya había terminado de hacer los deberes y llegó mi padre muy enfadado y hablaba raro¿mi madre intentó que no entrara en el comedor y mi padre la empujó¿ y yo ya sabia que me tenía que ir a la habitación. Ese día corrí, cerré la puerta puse música y comencé a saltar encima de la cama, estaba asustada¿

Al rato se dejaron de escuchar gritos, y oí la puerta de la calle, entonces la puerta de la habitación se abrió, sentí miedo, pero era mi madre. Me abrazó muy fuerte, y preguntó si estaba bien, asentí con la cabeza, Entonces¿. no sé ni cómo me salió la voz y le dije a mi madre que estaba llorando, ¡papá te ha pegado!

Las dos estábamos temblando y no sé cómo recogimos cuatro cosas y llegamos a casa de mis abuelos, nunca había visto a mi madre tan nerviosa. Recuerdo la cara de sorpresa de mis abuelos y el abrazo de mi abuela. Esa noche dormimos las dos juntas mi abuela y, yo, y no la solté en toda la noche.

Esa noche mi madre me dio un beso muy fuerte y se marchó con mi tío y con mi abuelo.

A la mañana siguiente era sábado y mis abuelos decidieron que nos íbamos a pasar el fin de semana a una casita que tienen ellos en la montaña y que nos encanta ir.

Encima de la mesa del comedor ví unos papeles de la policía, fui valiente y pregunté a mi abuelo, ¿mamá ha denunciado a mi padre?... mi abuelo con cara rara me miró y me dijo mira Sara¿tu padre es¿un¿.y se calló. Entonces mi tío que también estaba allí me explicó que pegar a las mujeres está mal, es un delito, y que cuando se comete un delito uno va a la policía y se dice, ¿ que lo denuncia. Me dijo que tenía que ser fuerte y ayudar a mi madre.

Estuvimos en la casa de la montaña y luego vivimos un tiempo con mis abuelos, allí nosotras estábamos bien, pero mi madre estuvo mucho tiempo llorando, y muy triste.

Ahora mi madre y yo vivimos en una casa nueva, ya no estamos con mis abuelos. Esta casa es más pequeña, pero me gusta. Ya no hay gritos. Hay tranquilidad. Además, mi madre hasta sonríe y ya no llora¿.antes siempre lloraba aunque, se escondía en el baño o decía que le había entrado algo en el ojo.

Desde hace unos meses veo a mi padre algún sábado y solemos ir al cine. Me pregunta dónde estamos pero solo le digo que vivimos por el centro y que estamos bien.

Experiencia María

Llegué a este país hace 4 años, llena de sueños e ilusiones, al igual que otras personas inmigrantes.

En mi caso, el motivo principal, fue venir a convivir con mi esposo que ya se había trasladado a España hacia unos años y así trabajar juntos para poder traer a mis hijos y darles un futuro mejor.

Pero no tardé mucho en recibir mi primera decepción al encontrar un día a mi esposo con otra mujer.

A partir de ese momento, se volvió a repetir la historia de maltrato vivida en el pasado, pero pese a ello, no quise admitirlo disculpándole, echándole la culpa de la situación al alcohol, porque cuándo bebía se convertía en un hombre mucho más grosero y cruel.

Recuerdo su imagen de antes, la de un hombre muy gracioso, cariñoso, tierno que llegó a mi vida un día de verano, y lo que más me llamó la atención, es que me hizo reír mucho.

Pero la cara contraria, la descubrí mucho mas tarde, ya casada.

Empezó a beber sin contenerse. Yo le reclamaba y él reaccionaba de forma violenta, insultándome y menospreciándome.

La primera vez destrozó toda la casa, rompió los cristales de la ventana y me dio un golpetazo en la espalda. A raíz de esto tuvimos una primera separación, pero luego, sinceramente, no sabia lo que nos sucede a tantas mujeres, que hace que vuelvas a darle una o más oportunidades.

He tenido muchísimos intentos de terminar con él y he regresado siempre a lo largo de 20 años, por mis hijos, porque creía que le quería, porque él me decía que no volvería a pasar, porque me pedía perdón, me convencía de que se debía a la bebida y que no estaba en sus cabales. Siempre, detrás de ello le perdonaba, le amaba y creía sus mentiras. Solo hasta el momento que sentí que mi vida corría peligro, decidí abandonarle y renunciar a sus promesas, a mis sueños de amor junto a él, el hombre del que en su día me había enamorado, el padre de mis hijos¿

Pienso que de una forma o de otra él me veía débil, o muy noble, perdonadora o muy sumisa, que yo era de su propiedad y que podía hacer lo que le viniera en gana.

Durante los años que sufrí maltrato, me llegue a sentir culpable muchas veces, porque él me menospreciaba y humillaba. Me decía: " Si te quedas sola, que vas a hacer¿te vas a quedar con una mano delante y otra detrás¿si te separas nunca vendrán nuestros hijos a España, ya me encargare yo de esto", "ten cuidado con lo que haces, que yo ando con gente¿..Te vas a acordar de mí como me metas en algún lío".

Durante las discusiones, evitaba enfrentarme a él optando por callarme por temor a que se enfadara. "Yo luchaba porque él estuviera bien, ¿que no se enfadara". Para calmarme y quitarme la angustia que sufría, el nudo en el estomago y en la garganta, tomaba infusiones relajantes, hacia grandes esfuerzos por tranquilizarme y no paraba de pensar en qué fallaba en mi comportamiento como esposa y como madre para que me maltratase de esta manera. Padecí pesadillas por la noche, y durante el día me invadía la tristeza, no tenía ganas de salir, hablar o reír¿ Temblaba cuando pensaba como me martirizaba, cuando se acercaba la hora en que él volvía a casa¿

Una tarde me puse a recordar todo aquello por lo que había luchado para venir, que lo hice por iniciativa propia y con toda la pena del mundo, por dejar a mis hijos con mi hermana y tan lejos y que en ningún momento de esa dura etapa, él me había prestado ayuda, ni apoyado y sentí que todo se desvanecía, que en un minuto podía perder mi vida y mis hijos quedarse sin madre.

Recordé todas las promesas que me había hecho y vi que nada había cambiado que seguía igual, humillándome, insultándome, faltándome con otras mujeres, bebiendo y arrojándome todo lo que se encontraba en el camino, maltratándome psicológicamente. No había cambiado en nada

Al estar aquí me di cuenta que no era normal permitir que una persona que yo amaba muchísimo, estuviera con otra mujer y su reacción fuera la de insultarme y abofetearme al descubrirlo, cuando era algo en lo que yo no estaba faltando, que el que estaba faltando a su palabra a su compromisos conmigo era él. Yo lo había respetado y cumplido con él y era él el que no estaba cumpliendo conmigo, ni siquiera ahora que nuestros hijos estaban ya en España con nosotros¿ Eso me entristeció y me hizo pensar detenidamente en la situación que estaba viviendo, y en las que había vivido en el pasado.

No podía continuar así y ante todo lo hice por mis hijos, fue lo que me llevo a decir no puedo permitir esta situación más. Soy yo o es él. Me sentí con fortaleza y confianza y decidí denunciarle.

Desde el momento que me atendió la Policía me sentí protegida.

Luego nos trasladaron a mis hijos y a mí a un centro para mujeres, donde nos sentimos muy apoyados y acogidos y eso ha sido fundamental para mí, para poder mantenerme firme en la decisión que había tomado.

No me arrepiento de la decisión tomada, al contrario gracias a ella estoy viva y contar mi historia, para mí es contar al mundo el valor de una mujer que representa a muchas mujeres.

Hoy se, que él es un agresor, un hombre cruel, egoísta y posesivo, que no se merecía mi cariño, ni mi compañía,¿.. Que mi sufrimiento era en vano, que él no iba a cambiar, ni iba a ser aquel hombre que, teniendo yo 14 años, me conquistó, del que me enamore y con el que yo soñé en crear una familia, y que fuera el padre de mis hijos¿

Ahora mi vida ha cambiado. Ahora tengo a mi hija conmigo y a una nieta que ha traído alegría a nuestra vida.

Cada día tengo más confianza en los demás y conmigo misma. Esos temores, miedos, esa necesidad de tener a un hombre que me proteja, ahora mismo ya no es algo fundamental en mí.

El hecho de haber vivido esta experiencia me ha hecho valorarme muchísimo, que no puedo permitir que esto vuelva a ocurrir de ninguna manera, que la persona que se acerque a mi tiene que demostrarme lo importante que soy, lo mucho que valgo, que esta dispuesta a amarme, pero amor verdadero sin daño, sin manipulación, sin abuso, sin mentiras, porqué las cosas que más daño me hicieron, fueron el engaño y la mentira, el siempre decir que las cosas van a cambiar y el darle una nueva oportunidad.

Si algo he aprendido de esta experiencia es que te menosprecien, te humillen y te hagan sentir como lo más insignificante del mundo no se puede consentir de ninguna manera.

Tengo trabajo y sigo recibiendo ayuda psicológica, social y cuento con apoyo por parte de las personas que me entienden, me quieren y han compartido conmigo esta dura experiencia y a quien les doy mi eterno agradecimiento.

Experiencia de Teresa

Cuando me casé, cuando conocí a mi exmarido creí conocer al hombre ideal, me casé muy enamorada, pensé que reunía muchas cualidades, era un hombre inteligente, un hombre culto, un hombre atento.

Y desde el principio, no puedo decir que he sido consciente, porque me he enterado muy tarde de que era una mujer maltratada, siempre he pensado que tenía un mal carácter, que era un hombre complicado. Yo creo que eran justificaciones que yo misma me daba porque a lo mejor no quería o no podía ver la realidad, reconocer que sufría maltrato. Sí, yo era consciente de que existían malos tratos físicos, porque evidentemente yo sabía que me pegaba, eran momentos puntuales, después se arrepentía, después me pedía perdón y volvía ser todo maravilloso y después volvía otra vez.

¿Cómo te demostraba él que se arrepentía, te pedía perdón, te regalaba algo?

Por supuesto, yo creía que se arrepentía de verdad, yo estaba convencida de que él se arrepentía, al principio.

¿Y de qué iba a cambiar?

Si por supuesto, sobretodo al principio, yo creía que cambiaría, pero pasan muchísimos años y te das cuenta de que no y de que cada vez la situación iba a peor. También, es verdad de que pasan los años, tu vas cogiendo habilidades, tu vas conociendo la situación, sabes que cosas le van a molestar, que cosas le saben mal y te va cerrando el circulo, te va cerrando el circulo y al final eres nada, llegas a convertirte en nada. Yo me doy cuenta ahora de que llegas a renunciar a todo, de que solo vives para él, para sus aficiones, sus gustos, sus deseos, sus manías, su forma de ver las cosas. Yo me he dedicado toda mi vida única y exclusivamente a cuidar de mis hijos, de mi casa y a él.

Él siempre ha sido una persona muy inteligente, muy sutil en el maltrato, yo muchas veces me preguntaba "¿qué me pasa?", porque él me decía "es que estas loca, yo no he dicho eso". Entonces yo me planteaba, "verdaderamente estas loca, será verdad que ayer no dijo eso" y llegaba a creerme lo que él me decía.

Mi maltrato ha sido muy profundo y sé que hay huellas que van a ser difícil de eliminar, pero en fin, creo que he recorrido un camino en poco tiempo muy intenso. En mi vida yo estaba totalmente apática y no me hubiera importado haberme muerto en un momento determinado y de hecho, si hubiera continuado con él, sé que hubiera cogido una mala enfermedad porque yo ya no tenía fuerza, yo ya no tenía ilusión, yo ya no tenía nada.

¿Qué es lo que te ayuda a decidir separarte?

Bueno fundamentalmente, fue que él me iba cerrando el circulo, me iba eliminando tanto mi espacio, yo había aguantado tanto, llego un momento que quiso rebajarme tanto, que pensé que era lo mejor que podía hacer. Yo muchas veces había pensado en separarme, muchísimas veces y tenía conciencia de que no me podía separar de voluntad propia, porque me iba a hacer mucho daño, iba fastidiarme de cualquier manera y tenía claro que la forma de hacerme daño sería a través de mis hijos y yo no quería hacerle daño a ellos.

Yo en aquellos momentos no sabía donde esconderme, yo ya no hablaba, yo ya no daba mi opinión, se hacía lo que él quería a toda hora y en todo momento, cuando íbamos a ver una película, él me preguntaba cual quería ir a ver y yo le decía "la que tú quieras" yo no quería opinar para evitar enfrentamientos porque eran constantes por la comida, por los hijos, por el dinero, por temas además que no tenían fundamento.

Nosotros éramos unas personas que a nivel económico no teníamos ningún problema, vivíamos muy bien, socialmente estábamos en una situación privilegiada, los problemas no eran verdad, los hacía él. Yo veía la situación de otras parejas y nosotros éramos afortunados, lo hemos tenido todo para ser felices y yo miraba a las otras parejas y decía "aquí hay algo que no funciona"  y creo que no se tiene mucha información de qué es el maltrato, de cómo reconocerlo, en qué consisten los malos tratos. Yo lo justificaba , lo achacaba a su forma de ser pero realmente era maltrato, ha habido chantaje, golpes y lo ha habido de siempre y en una relación de muchos años, de muchos desgaste, 30 años aguantando e intentando sobrevivir y yo me considero una superviviente y muchas veces me pregunto "cómo he conseguido llegar donde estoy", porque estoy de maravilla, doy gracias cada día por ello y no sé, pienso que soy muy fuerte, he descubierto que soy muy fuerte y creo que el que yo haya sido una mujer combativa, una mujer luchadora e inteligente él no lo podía soportar. Cuando yo planteaba algo, la agresividad se exaltaba, hasta que finalmente prefería hacerme la tonta.

Pienso que lo tendría que haber dejado la primera vez que me pegó estando embarazada de 5 meses, se ensañó. En esos momentos fue una crisis muy grande, me costó mucho volver a tener una actitud normal ante él. Para mi la familia es muy importante siempre lo ha sido, en mi educación la familia siempre se ha valorado, mis padres siempre se han querido. Y cuando me dio la primera paliza, no fui valiente no lo conté. Se lo dije a mis padres, les dije que me quería separar pero el divorcio en aquella época era más complicado, además fue la primera vez y yo malpensaba que él cambiaría, pues en fin, esas cosas que nos decimos las mujeres… y ellos te piden disculpas, te vuelven a enamorar.

Yo me convertí en él, yo pensaba las 24 horas del día en él, todo giraba alrededor de cómo a él le gustaba que me peinara, como le gustaba que me moviera, cómo le gustaba llegar y encontrar la casa, que le gustaba de comer. Él era un adicto al trabajo y pasaba poco tiempo en casa, pero para mi aunque no estuviera sentía que era omnipresente, yo no terminaba de desconectar nunca de él. Me tenía tan absorbida, que yo únicamente vivía para satisfacerlo en todos los aspectos.

Además, me sentía muy sola porque él me aislaba, yo no era consciente de la forma en la que me aisló. Primero empezó despreciando a mi familia, yo tenía un vinculo muy grande con mi familia, en especial con mi padre que congeniábamos muy bien y yo creo que él tenía celos de mi familia, de mi padre especialmente. Él trató de desvirtuarme a mi familia, a mis hermanos, a mis padres, mis sobrinos, pero no lo consiguió, yo me aislé de ellos pero porque sabía que sino tendríamos problemas, pero no porque él consiguiera desvirtuármelos.

¿Conocía alguien la situación de violencia que estabas viviendo?

No, nadie, ni siquiera mis hijos. Él cuidó mucho pegarme delante de mis hijos, jamás. Aprovechaba y me machacaba cuando ellos no estaban presentes, ellos estudiaban fuera. Me machacaba mucho psicológicamente, porque si te mete una torta pues al momento, si no te ha hecho daño, se pasa. Pero el machaque del que no eras consciente, ese es el que más daño provoca. Y hoy en día soy capaz de verlo.

Quería retomar el tema de la sutileza, ¡porque era tan sutil! voy a poner un ejemplo. Él insistía mucho en que el trabajo de la mujer dentro de casa era tan importante o más que el suyo, estoy convencida de que no lo decía de verdad. Pero siempre ponía la coletilla de trabajo bien hecho. De alguna forma me transmitía que ese no era mi caso y por lo tanto no merecía ese respeto. Él no me lo decía directamente pero yo captaba el mensaje. Y llegas a sentirte realmente inútil y las cosas de no practicarlas se olvidan y cuando ha pasado el tiempo te das cuenta de que tenía tal poder de persuasión sobre mi, que consiguió inutilizarme. Afortunadamente, hoy en día eso no es así.

Pues cuando el toma decisión de separarnos, yo estoy convencida de que no quería separarse y así lo he confirmado después con un amigo. Él lo que pretendía era dar una vuelta más de tuerca, terminar de controlarme, continuar amartillándome. Pero le salió mal la jugada porque o estaba ya muy agotada. Yo continúe con la decisión de ruptura.

He tenido mucho apoyo de toda mi familia, de mi hija, se volcaron totalmente en mí y me ayudaron a dar el paso. El primer paso, fue ir a buscar una abogada, quien me explicó cuales eran todos mis derechos como persona, como mujer. Me ayudó mucho. He sido afortunada con las personas con las que me he ido encontrando después de la separación. Es una abogada con muchos principios y me ayudó no solo en la defensa de mis derechos sino también en el reconocimiento como persona y ser humano.

Yo, llegó un momento en el que después de toda la vida, porque me casé muy joven, me casé con 18 años recién cumplidos y toda mi trayectoria y mi vida giraba entorno a él. Y me sentía mal.

Yo me daba cuenta de que no le tenía odio, le gente me decía "oye, no te das cuenta de lo que te está haciendo" porque el pretendía quitármelo todo, según él, yo no tenía derecho a pensión, no tenía derecho a nada a cosas que la ley te ampara. Mi familia me decía que si no me daba cuenta, de que no era justo, que yo había dedicado toda mi vida a mi familia y a mi casa y que ahora no podía darme una patada y echarme a la calle. Al ver la reacción de los demás es lo que me hizo pensar que mi pasividad no era normal, que no podía permitirlo. Fue entonces, cuando decidí pedir ayuda. Hablé con mi hija y le dije que necesitaba ayuda, al principio pedí ayuda al centro de salud, porque claro, yo era más consciente de las cosas pero no quería denunciar, no quería armar un escándalo de pueblo. Fue en el centro de salud, cuando me dijeron que yo no tenía ninguna enfermedad mental y en ese momento me reconocí como victima. Empecé la intervención con el psicólogo del centro de salud, pero yo sentía que no era suficiente, todavía tenía miedo y tenía muchas dudas por resolver.

Fue entonces, cuando mi hija me dio el número de teléfono del Centro Mujer 24 horas. Llamé y di un nombre falso, no sé exactamente porque, no sé si por vergüenza. Principalmente porque no quería que nadie supiera que era maltratada, no podía descubrir que él era un maltratador. Porque estando con él no podía reconocer que era un maltratador, no tenia mucha información sobre el maltrato y además implicaba bajarlo del pedestal en el que yo lo tenía. Y después de romper la relación no me ha interesado descubrirlo dado que tenía temor a lo que pudiera hacer al arruinar su posición social.

¿Qué te ha servido a ti para recuperarte?

Desde el primer día contar lo que me estaba sucediendo, ya fue una liberación. Y me acuerdo que cuando vine y empecé a hablar con la psicóloga y la trabajadora social, yo tenía mis dudas de ser una maltratada, pero empezaron a preguntarme y yo les contaba mi historia y por lo que ellas me respondían y me contaban, confirmé que si que era.

Si algo me ha ayudado el centro y todas vosotras es a quitarme la culpa. Yo venía con una mochila llena de culpa, yo todo lo hacia mal, yo era la responsable de todo, yo era malísima. Poco a poco fui dejando mi culpa, fui recuperándome, todo me parecía muy lento, tenía ganas de que pasara el tiempo, de reencontrarme.

La ayuda de mi familia es indispensable y tengo una hermana que es una joya, soy una persona afortunada. Desde el primer día me dijo "vas a salir ganando, eres la más fuerte" y no se ha equivocado y ahora mismo mi lema es "TODO ES BUENISIMO", porque empiezo el día con energía, con ilusión, con confianza, creo que tengo una segunda oportunidad para ser feliz y estoy muy orgullosa de mi misma, cosa que antes no.

Creo que es fundamental pedir ayuda, hablar del problema. Siento no haberlo hecho antes, porque todo lo que tengo ahora lo podría haber tenido antes. Pero, bueno, era mi momento y las cosas pasan cuando tienen que pasar. Estoy contenta de vivir una segunda oportunidad y de vivir este momento en que tengo muchísima paz.

También he tenido mucha suerte con mis hijos que me apoyan. Al principio a mi hijo le costo, pero bueno él necesitaba su tiempo para comprender y adaptarse a la situación. Hoy en día me apoyan muchas personas.

¿Además de tu familia, has recuperado a alguien más?

No he perdido a nadie, incluso la gente que teníamos en común me apoyan a mí. Mi gente no me ha fallado.

¿Has recuperado alguna actividad que antes no hacías?

Yo hacia 20 años que no escribía y yo me considero una mujer con una educación media, yo hice un curso de mecanografía y me gustaba mucho. Pero durante mi relación con él me impedía practicar cualquier actividad, yo creo que el pensaría que cuanto más analfabeta mejor. Desde que me he separado, he hecho cursos de informática y estoy escribiendo como un diario, escribo a máquina con los diez dedos que es una maravilla. También quiero retomar cursos de dibujo, he leído muchísimo y estoy recuperándome.

Un mensaje positivo para el resto de mujeres que están en la misma situación que tú.

Yo hoy en día veo la luz y me gustaría que todos la vieran. Lo mas importante hablar sobre el tema a quien sea, a familiares a profesionales. Yo estoy como estoy gracias a la ayuda del centro, para llegar donde estoy he pasado por muchas fases. Primero reconocimiento, pedir ayuda, identificarte como victima y no quedarte en el papel de victima y después plantearte querer salir, querer vivir, querer recuperarte. Gracias a Dios, gracias a vosotras y gracias a mi misma, que yo también he hecho mucho trabajo, me lo he currado, hoy estoy recuperada.

He pasado una vez, pero no pasaré dos.

 

Centro Mujer 24 Horas